El poder y el temor a la información

El Centro de Investigación y Estudios de la Venezolanidad (CIEV), es una fundación sin fines de lucro que tiene como objetivo analizar, profundizar, mapear, promover y difundir por medio del trabajo académico y la formación la geografía humana de los venezolanos, el conocimiento y la comprensión de lo que somos y vamos siendo como individuos y como sociedad, nuestros valores y cultura, a fin de fortalecer el espíritu crítico, el vínculo común entre la gente, la pluralidad y aceptación del otro entre todos los pobladores del país, para proyectarlo de esta misma forma al exterior.
«Donde se queman libros
se terminan quemando también personas»
Heinrich Heine
Los hechos ocurren, pero sólo se hacen públicos cuando se divulgan y es allí, en ese proceso de compartir la información, donde los sujetos, integrantes de una sociedad, se formulan preguntas sobre lo acontecido, deliberan, indagan, sacan conclusiones y emiten juicios al respecto. Es decir, desarrollan su sentido crítico.

Portada de las Leyes de Indias, impresas el 8 de julio de 1543
A lo largo de la historia humana se ha repetido el ensayo de algunos por ocultar cuanto ocurre, de mantener en reserva los hechos comprometedores, en una inagotable búsqueda por facilitarse el “manejo” de las masas, práctica que rinde sus frutos momentáneos para una minoría con un alto precio sobre la moral colectiva.
Las hogueras de libros, la persecución de los escribas, la figura de los censores en los medios de comunicación, el chantaje sobre quienes informan, ya sea económico, político o de miedo, son de las prácticas más usadas por quienes se niegan a ceder cuotas de poder. No en vano existe la manida frase que grita “información es poder”.
Una porción importante de quienes ejercen roles de poder entierra, como si de gatos se tratara, lo que se quiere ignorar o fingir que sucedió de otra manera, tratando así de esconder una base fundamental del conocimiento, porque nada es más peligroso que un ser humano con ideas propias, capaz de cuestionarse a sí mismo y a su entorno, consciente de su contexto, conocedor de su historia, competente para tomar decisiones individualmente, en pocas palabras un ser informado que calibra los datos que recibe así como a quien se los provee, analítico y con la inquietud de practicar sus conocimientos.

Encabezamiento del periódico caraqueño La Prensa, 1847
Con la evolución tecnológica, la globalización y la masificación se han perforado los muros de contención que se le imponen a la información en el mundo, pero no por ello desaparecen. De hecho, las nuevas tecnologías (antiguamente la imprenta, hoy Internet) sirven para expandir la propaganda, o sea, la información manejada con fines específicos, lo que es una forma civilizada de esconder el acontecer.
El poder se esfuerza por crear dependencia en las mayorías como una forma de preservarse, para lo cual requiere crecer y abarcar más y más áreas de la vida cotidiana, gestando una colectividad ajena al proceso social para el cual está llamada y cerrando así la posibilidad real de la comunicación, que no es más que la interacción entre los individuos que actúan como tales. Quienes ejercen el poder saben que del intercambio y de la criticidad nacen la participación y la acción, armas letales para los que fomentan las distintas formas de sumisión.
La sociedad no cesa en su avance, pero todavía mantiene el reto de superar el cepo de la censura informativa, esa primitiva forma de castración al pensamiento y al desarrollo de los individuos, fruto de las propias ambiciones humanas.






